El pequeño Samurai
Nasako es un niño de 10 años.
Siempre que podía iba a ver luchar a su padre Kiroshawa, el gran guerrero
samurái. Su padre era la admiración de todo Japón y hasta el mismísimo
emperador inclinaba la cabeza cuando pasaba delante de él.
Nadie sospechaba que Nasako
diera clases para convertirse en un gran samurái. No le faltaba valor, sentía compasión
por sus adversarios y respeto y honradez hacia el contrario.
Pronto, se iba a celebrar en
Tokio, el gran campeonato juvenil de samuráis. Por supuesto, Nasako iba a
participar. Llevaba más de un año preparándose para esta ocasión.
El gran día llegó pero Nasako
estaba tranquilo. Sus padres estaban sentados en las gradas disfrutando de la
competición. Cuando llegó su turno sus padres se quedaron boquiabiertos. Antes
de comenzar a luchar, invocó el nombre de su familia, su rango y sus hazañas.
Aunque la lucha fue muy dura,
Nasako salió victorioso. No mostró signos de alegría, ni desprecio a su
adversario pero por el rabillo del ojo pudo ver el orgullo de su padre Kiroshawa,
el gran guerrero samurái.
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